Jose Luis De Haro Sánchez

Jose Luis De Haro Sánchez

Editor DesdeWallStreet.com

El desembarco del republicano Donald Trump en la Casa Blanca no sólo coincidió con un rebote bursátil que acumula una rentabilidad del 12,5% para el S&P 500 sino también vino acompañado por una compleja maraña de contactos y nombramientos oficiales, como el de su propia hija, Ivanka Trump, o el marido de esta, Jared Kushner.

Desde su toma de posesión, el mandatario ha tenido que acallar los rumores que ligan a miembros de su círculo con Rusia al mismo tiempo que el dueño y señor del Despacho Oval sigue sin dar a conocer su declaración de la renta, un hecho habitual y rutinario de sus predecesores en el cargo. Indicios de nepotismo y falta de transparencia según críticos y expertos que la nueva administración prefiere eliminar del ojo público. Recordemos que una de las primeras decisiones de Trump fue acabar con la práctica del gobierno de Barack Obama de publicar las visitas que recibían sus altos funcionarios, el propio presidente incluido. 

Una decisión que coincide con la publicación de un estudio elaborado por los profesores de finanzas de la Escuela de Negocios de la Universidad de Illinois, Jeffrey Brown y Jiekun Huang, que estima que los empresarios que visitan la Casa Blanca o miembros de alto rango dentro de la administración estadounidense suelen ver como la cotización de sus respectivas compañías vibra en bolsa. 

"Nuestro análisis sugiere que el acceso a altos funcionarios del ejecutivo puede ser una fuente importante de ventaja competitiva para las empresas", determinan en el documento titulado, "Todos los Amigos del Presidente: Acceso Político y Valor de la Empresa", publicado en el Buró Nacional de Investigación Económica (NBER por sus siglas en inglés). 

Brown y Huang concluyen que las acciones de las compañías cuyos altos directivos visitan al presidente o alguno de los altos funcionarios de la Casa Blanca registraron un rendimiento positivo acumulado de aproximadamente un 0,9% en los dos meses inmediatamente posteriores a dichas reuniones. "Para las multinacionales multimillonarias esto significa que una sola visita a la Casa Blanca por parte de alguno de sus directivos puede agregar cientos de millones de dólares al valor de la empresa beneficiando así a los accionistas", escriben.

Ambos expertos han basado sus conclusiones tras analizar los 2.286 encuentros mantenidos entre miembros de la administración Obama, incluido el ya ex-presidente, y empresarios de compañías que forman parte del S&P 1500. "El dinero ofrece un mayor acceso a la Casa Blanca y para estas empresas, dicho acceso se tradujo en grandes beneficios", observa el documento reiterando que esta información nunca hubiera podido conocerse sin la transparencia del gobierno previo. "Sin esta transparencia por parte de la administración de Trump, los americanos quedarán desinformados mientras que muchos insiders se benefician de sus reuniones en la Casa Blanca", sentencian. 

Pese a que no todos los empresarios y ejecutivos tienen como intención última influenciar las decisiones políticas del gobierno o en ocasiones estos esfuerzos no llegan a buen puerto, el resultado potencial de estas reuniones hace justifica que el público sea conocedor de este tipo de reuniones. Especialmente en la actualidad, donde el presidente Trump ha demostrado una mayor afinidad con la comunidad empresarial del país y ha invitado a más de una docena de consejeros delegados de distintas compañías a formar parte de su consejo especializado en estrategias y políticas económicas. 

 

La compañía de la manzana volvía a tocar un nuevo máximos históricos impulsada por un nuevo análisis que sitúa el precio de sus acciones en los 202 dólares en los próximos 12 meses. Según el informe publicado por el experto de Drexel Hamilton, Brian White, la próxima salida al mercado del iPhone 8 el próximo otoño servirá como uno de los catalizadores tempranos en dar rienda suelta a una tendencia alcista para los títulos de la compañía. 

"Pensamos que Apple sigue siendo uno de los valores mas subestimados del mundo", dijo White quien elevó su precio objetivo hasta los 202 dólares por título desde los 185 dólares actuales, reiterando obviamente su recomendación de compra. La de Cupertino cerró la semana pasada en los 148,96 dólares después de haber presentado sus resultados correspondientes a su segundo trimestre fiscal. Unas cuentas que dejaron un sabor agridulce, ya que la compañía convenció del lado de los beneficios pero se quedó corto con las ventas del iPhone. 

Una situación que el propio Tim Cook acusó a los continuos rumores en la prensa del próximo modelo del teléfono inteligente, pilar crucial en el imperio de la manzana. Dicho esto, Apple vio como su caja alcanzó casi los 257.000 millones de dólares, lo que ha desatado las cábalas de muchos analistas sobre posibles compras en el horizonte, y agració a sus inversores con un incremento en su dividendo. 

Si las previsiones del analista de Drexel Hamilton llegasen a materializarse, lo que implicaría una revalorización del 35% para las acciones de la compañía, la capitalización bursátil de Apple, a día de hoy la compañía más valiosa del mundo, alcanzaría los 1,06 billones de dólares en el próximo año. La meta de White es la más alta de los 33 analistas que cubren las acciones de Apple y cuya precio objetivo medio es de 159 dólares, con el más bajo quedando en los 120 dólares. 

"La valoración de Apple ha estado deprimida durante años a medida que los inversores consideraban que la compañía podría ser víctima de los errores que otras compañías electrónicas de consumo cometieron en el pasado", indicó White. "Sin embargo, Apple ha demostrado su capacidad de resistencia a través de su capacidad única para desarrollar hardware, software y servicios que funcionen perfectamente juntos", justificó. 

 

En lo que llevamos de año, las acciones de Apple, con una capitalización bursátil de 808.190 millones de dólares, acumulan una rentabilidad del 31,6%. En los últmos 12 meses sus títulos han subido un 64,3% y en el último mes su retorno ha sido del 6,3%. 

Jueves, 04 Mayo 2017 16:20

Twitter renace de sus cenizas

Desde comienzos de semana, las acciones del jilguero más conocido en las redes sociales y medio de comunicación fetiche del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se han revalorizado más de un 11,4%. Un impulso fomentado por los esfuerzos de Twitter en buscar alternativas más allá de sus 140 caracteres y sumarse al negocio del momento, el streaming de contenidos en directo. Operaciones que la compañía de Jack Dorsey tímidamente desarrolla a través de Periscope y que ahora promete blindar con una docena de acuerdos que ofrecerán contenido exclusivo para la red de microblogging. 
 
"Queremos ser el primer lugar donde la gente escuche cualquier cosa que les interese o les importe", señaló el propio Dorsey al anunciar sus alianzas con Major League Baseball, la NFL, Viacom, The Verge, Cheddar, WNBA, BuzzFeed, Bloomberg Media, Live Nation, PGA, Propagate e IMG Fashion, entre otros. Un total de 14 convenios con el objetivo de seguir aumentando su presencia en este campo. En los primeros tres meses del año, Twitter ofreció más de 800 horas de vídeo en directo a través de acuerdos similares, con un total de 45 millones de espectadores únicos. 
 
"La adición de estas nuevas ofertas en vivo, a las ya incluidas, es un testimonio del éxito de nuestra experiencia exclusiva para Twitter", reconoció el propio director de operaciones de la compañía, Anthony Noto. 
 
Este anuncio se produjo justo después de que Twitter diera a conocer su asociación con Bloomberg para crear un canal de noticias de 24 horas por streaming, que debería comenzar a funcionar en otoño y que a la espera de conocer su nombre llegó acompañado del hashtag #thenewnews. De esta forma y con la retahíla de acuerdos posteriores, la red social se lanza de lleno a la piscina del streaming en vivo, aproximadamente un mes después de perder los derechos de emisión de la temporada de partidos de fútbol americano de los jueves a manos de Amazon, que pagó alrededor de 50 millones de dólares. 
 
El renovado intento de la compañía que dirige Dorsey tiene una meta clara y es hincar el diente a los cerca de 13.000 millones de dólares que mueve el mercado de la publicidad en redes sociales, según la consultora eMarketer. Sin embargo, Twitter llega algo tarde y tendrá que plantar cara a titanes como Facebook, Google e incluso Snapchat que desarrollan desde hace tiempo contenido en exclusiva para sus respectivas plataformas y que, en el caso del imperio de Mark Zuckerberg, superan con creces el número de espectadores potenciales. 
 
Dicho esto, Paul Verna, analista de eMarketer, considera que "Twitter está ahondando en un nicho de negocio que es una parte fundamental de su plataforma". "Esta red social es conocida por su retransmisión de vídeo en directo y está utilizando ahora su potencial como trampolín", añade. Una decisión que se produce tras una larga travesía por el desierto en que la compañía ha perdido casi el 56% de su valor desde que se estrenase en bolsa el 15 de noviembre de 2013 y después de los intentos frustrados el año pasado de una posible venta. 

La Reserva Federal daba rienda suelta a sus halcones con una nueva subida de tipos de interés de 25 puntos básicos el miércoles, la tercera desde 2008. Sin escollos en el horizonte más cercano, el banco central estadounidense se prepara así para continuar de forma progresiva con su normalización monetaria. Una ruta que según sus últimas perspectivas económicas incluirá dos vueltas de tuerca más este año a la manivela, dejando los tipos de interés en el entorno del 1,4% al cierre de 2017. 

En este sentido, el mercado descuenta ya que el próximo incremento de 25 puntos básicos llegará en la reunión del próximo 13 y 14 de junio, con el 55,7% de los operadores respaldando la decisión, según el indicador FedWatch de la Bolsa Mercantil de Chicago (CME, por sus siglas en inglés). Lo que no está tan claro es cuando se producirá el siguiente movimiento, que bien podría llegar en el encuentro de septiembre o retrasarse hasta la comitiva del 12 y el 13 de diciembre. 

La Fed mantuvo sin grandes cambios sus perspectivas, que telegrafían hasta tres subidas de tipos en 2018, alcanzando el 2,1%, y elevaron en una décima su meta para finales de 2019, hasta el 3%. 

Por otro lado, en lo que a inflación se refiere y con los planes económicos de Trump en mente, que incluyen desde una bajada generalizada de impuestos hasta una posible inversión de hasta un billón de dólares en infraestructuras, la presidenta de la Fed, Janet Yellen, adelantó que todavía es "demasiado pronto para predecir los efectos de políticas fiscales". En relación a este tema, Yellen indicó que "no se debatieron en detalle" los posibles cambios fiscales que puedan derivarse del nuevo gobierno en Washington. 

 

La renta variable potenció ligeramente sus ganancias tras conocer la decisión de la Fed y escuchar atentamente las palabras de Yellen. El Dow Jones llegó a sumar más de 100 puntos durante la intervención de la presidenta del banco central estadounidense, quien no se mostró preocupada por el peligro de una burbuja en ciernes. 

 

 

 

Viernes, 26 Febrero 2027 16:53

Jose Luis de Haro

Text

La renta variable de Estados Unidos continúa su senda ascendente a la espera de conocer más detalles del fabuloso y excepcional plan de impuestos de la administración Trump. A falta de detalles y con la temporada de presentación de resultados llegando a su fin, los beneficios de las compañías del S&P 500 vieron durante el último trimestre como sus beneficios subieron un 5% interanual, cerrando así su tercer trimestre consecutivo de mejora tras la recesión sufrida entre el segundo trimestre de 2015 y el segundo trimestre del año pasado. 

Al mismo tiempo, en las conferencias telefónicas para presentar estos resultados la palabra "optimismo" fue usada en un 51% de las intervenciones, todo un récord según los datos que recopila Bank of America Merrill Lynch. Pero ¿qué genera esta euforia entre las empresas de EEUU?. Básicamente e indagando en los mensajes por los distintos consejeros delegados y directores financieros del país cuatro factores fundamentales: la reforma del código tributario, una regulación más laxa, las perspectivas de un mayor gasto público y, como no, las políticas comerciales del nuevo gobierno de EEUU. 

"Una rebaja del impuesto de sociedades representa un viento de cola para los beneficios empresariales, pero nuestros economistas esperan que la reforma se retrase hasta finales de este año o comienzos del que viene", avisa David J. Kostin, estratega jefe de Goldman Sachs para EEUU. Aún así, compañías como la petrolera Chevron reconocieron como "el sistema fiscal de EEUU no es competitivo" de ahí que sigan ofreciendo sus pareceres a las ideas promulgadas hasta ahora por la administración Trump. 

"Creo que la decisión más impactante de una reforma sería igualar las reglas del juego entre las compañías de EEUU y las extranjeras especialmente en lo que se refiere a las extranjeras, que no tienen las ventajas tributarias de adquirir otras empresas y llevárselas a otros países con una fiscalidad más baja", señalaban desde Pfizer. 

"Soy optimista dado que se espera algún tipo de reforma fiscal este año y parece que la repatriación de beneficios formará parte de ella, eso será bueno para el país y para Apple", aseguraba el propio Tim Cook. "¿Qué es lo que haremos con este nuevo contexto?, tenemos que esperar y ver exactamente las condiciones", añadía.  En este sentido, PayPal considera que si se pudieran repatriar beneficios de una forma más eficiente, la compañía pensaría de forma distinta en lo que se refiere a sus inversiones de capital.  

Al respecto de una regulación más laxa, en un esfuerzo por simplificar las normativas y reducir su impacto en las compañías, el presidente Donald Trump ha firmado ya varios decretos al respecto, entre ellos uno que pone en observación la reforma financiera. 

"El presidente tiene una agenda muy específica en términos de la reforma tributaria y regulatoria", indicaba el capitán de la operadora telefónica AT&T, Randall L. Stephenson, quien se ha reunido ya con el inquilino de la Casa Blanca. "Estamos muy motivados ante las expectativas de una relajación en las reglas para impulsar la inversión", afirmaban desde el conglomerado de cable, Comcast. 

Los bancos también se mantienen optimistas ante la posibilidad de que algunas partes de la reforma financiera, Dodd-Frank, acaben por desaparecer. "Si hubiera una relajación regulatoria, veremos como los bancos crecen y son más agresivos, abriendo sucursales en nuevas ciudades y aumentando sus portafolios de préstamos", dijo Jamie Dimon, consejero delegado de J.P. Morgan. "El optimismo es positivo para Bank of America y nuestros clientes, todavía debemos esperar y conocer detalles pero somos optimistas", avisaba su homólogo en BofAML, Brian Moynihan. 

Otro asunto importante es la expectativa de un incremento en las inversiones públicas en infraestructura y defensa de hasta un billón de dólares. Desde Lockheed Martin, uno de los principales contratistas del ejército y compañía que ha sido criticada por el propio Trump, aseguraban que dado el secuestro de gasto dentro de los presupuestos "la compañía no ha invertido durante los últimos años como debería, estamos muy animados por el diálogo de la nueva administración". 

Por su parte, Caterpillar apuntó que si "la reforma tributaría, el gasto público y una menor regulación acaban por materializarse a lo largo de este año, muchos de sus clientes se mostrarán más optimistas de cara a 2018 y aumentarán sus órdenes e inventarios". 

En último lugar, donde más preocupación hay es en la política comercial que adopte la nueva administración, que ya ha retirado a EEUU del Acuerdo Trans-Pacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) y busca renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). "Nike continúa creyendo en el comercio libre y justo, somos una compañía global pero en estos momentos es demasiado pronto para especular al respecto", indicó el CEO de Nike, Mark Parker durante la última presentación de resultados trimestrales. 

Desde Morgan Stanley consideran un "caso bajista" donde la confusión geopolítica "genera la suficiente confusión" que afectaría la psique de los inversores. En esta situación, la actividad de compras y fusiones empresariales podría verse afectada así como otras áreas de negocio para la banca. Para PayPal, un aumento del proteccionismo parece no suponer un problema, al menos a corto plazo. "Nuestras transacciones medias son de 60 dólares. Las tarifas sólo repercuten a productos y servicios por encima de los 800 dólares, por lo que parte de esta situación no afectará nuestras operaciones diarias", aseguraron desde la compañía de pagos online. 

 

Mientras el iPhone sigue siendo el pilar que aporta a Apple dos tercios de sus ingresos, los servicios de la de Cupertino, que comprenden desde su servicio de streaming de música, su tienda iTunes o su App Store, entre otros, se postula como el negocio que más crece en estos momentos dentro de la compañía. 

"Esperamos que este año el tamaño de los ingresos generados por nuestros servicios equivalgan a los de una compañía del Fortune 100", indicó Tim Cook, consejero delegado de Apple durante la conferencia telefónica para dar a conocer sus cifras. El capitán de la compañía adelantó que Apple espera duplicar los ingresos de este negocio en los próximos cuatro años y consolidar aún más este área, que equiparó a una de las 100 mayores compañías del país. 

En su primer trimestre fiscal de 2017, los servicios de Apple, donde también se incluye Apple Pay o AppleCare, alcanzaron los 7.172 millones de dólares un 18% más que los 6.056 millones de dólares registrados en el mismo periodo del año anterior y un 13% más que los 6.325 millones alcanzados en su cuarto trimestre fiscal de 2016. En términos interanuales (comparando ingresos con los registrados en el primer trimestre fiscal de 2016), mientras las ventas del iPhone subían un 5% o las de iPads se desplomaban un 22%, los servicios de la de Cupertino se postulan como el área con más potencial de crecimiento para la compañía. 

De hecho, los ingresos de este negocio superan ya a los generados por los iPads, que alcanzaron los 5.533 millones de dólares en el primer trimestre fiscal de 2017 (que comprende los tres últimos meses del año pasado) y se quedaron a las puertas de superar a los de los ordenadores Mac, que alcanzaron los 7.244 millones de dólares. Aún así, si echamos la vista atrás, el negocio de servicios de Apple ya superó en facturación a los ordenadores Mac en el cuarto trimestre fiscal de 2016. 

Todo indica que el negocio de servicios se ha convertido en otro importante pulmón para la compañía que ha visto, por ejemplo, como el volumen de transacciones de Apple Pay creció un 500% interanual en su primer trimestre fiscal de 2017. Luca Maestri, director financiero de la de Cupertino, señaló en la misma conferencia que "los ingresos de la App Store (la tienda de aplicaciones de Apple) duplica en ingresos a Google Play". 

Obviamente estos ingresos todavía no hacen sombra a las ventas del iPhone, que tocaron los 54.378 millones de dólares entre octubre y diciembre pero se postulan como una importante alternativa en el caso de que el negocio insignia de Apple vuelva a flaquear en los próximos trimestres. 

 

 

La Bolsa de Nueva de Nueva se convirtió el miércoles en una verdadera fiesta. Con el eco de su campana todavía zumbando a pie de parqué y los directivos de Triangle Capital Corporation celebrando su décimo aniversario en el balcón, el Dow Jones consiguió romper la histórica marca de los 20.000 puntos. Un número redondo que consagra la momentánea confianza de los inversores y operadores americanos en su nuevo presidente, Donald Trump. 

"Es un claro respaldo a lo que está sucediendo en Washington", me explicaba, Peter Tuchman, director de operaciones de Quattro Securities, quien enfundado en su gorra bordada con la idolatrada cifra señaló que la administración de Donald Trump "es una carta arriesgada". Aún así, su clara apuesta por las medidas que impulsarán el crecimiento económico, con las cacareadas rebajas de impuestos e inversiones en infraestructuras, siguen surtiendo efecto entre los principales indicadores bursátiles. 

No lejos del puesto de operaciones de Tuchman, Ken Polcari, director de O´Neil Securities, echaba la vista atrás y recordaba aquel 12 agosto de 1982, con sólo 21 años, cuando el Dow cerró por primera vez los 1.000 puntos. "Aquello sí que fue emocionante", reconocía. Sin embargo, observando los niveles actuales y el récord alcanzado nada más comenzar la jornada, destacó como el presidente Trump "no está tomando prisioneros", es decir, está siendo agresivo y no amedrentándose a la hora de fijar sus objetivos.

"En lugar de fijarnos en el unilateralismo y el espíritu proteccionista que ha ensombrecido las últimas semanas, toda la atención ha virado a los resultados empresariales y las futuras obras de infraestructura, con la reapertura de los oleoductos Keystone XL y Dakota Access, en mente", aseguraba. Un renovado optimismo que ya experimentamos durante la resaca electoral y que desde el pasado 8 de noviembre ha engordado al Dow Jones, compuesto por 30 valores representativos de la economía estadounidense, en alrededor de 1.800 puntos. 

El propio inquilino de la Casa Blanca quiso sumarse a la celebración a través de un tuit donde se limitó a decir: "Genial #Dow20K". Un guiño del mandatario a un mercado al que "le está gustando lo que está haciendo hasta ahora", me reiteraba Jason Blatt, director de operaciones de Deep Value. "Vamos a poner a prueba este nivel en varias ocasiones", avisa aventurando que si en las próximas semanas, el presidente contradice al mercado  "podríamos ver una renovada tendencia a la baja". "En general me siento muy animado por lo que he visto hasta ahora y por eso creo que mantendremos este nivel durante un tiempo", añadía. 

Tanto Tuchman como Polcari y Blatt coincidían en señalar que aunque los primeros pasos de Trump al frente del país se desarrollan de acuerdo a su mensaje de prioritarizar al país y su economía por encima de todo, "todavía tenemos mucho camino por delante". "Hemos visto un ascenso bastante rápido. Ahora estamos recibiendo un impulso con los resultados corporativos y tenemos varios catalizadores actuando de forma conjunta", reconoce Tuchman al mismo tiempo que pone de manifiesto que ahora sólo hay dos opciones: "acomodarnos en este nivel y continuar subiendo o caer completamente". 

Una situación de la que ya me advertía hace unos meses Seth J. Masters, director de inversión de Bernstein Global Wealth Management, al considerar que una vez superados los 20.000, el Dow "subirá y bajará de este nivel durante bastante tiempo". Masters fue uno de los primeros expertos en comenzar a hablar de esta histórica marca hace ya más de cuatro años. El Dow Jones, cuyo nacimiento remonta hasta 1896, conquistó el miércoles por primera vez los 20.000 puntos, tres años después de que tocara por primera vez los 15.000 enteros y tras llegar a los 10.000 en 1999. El 22 de noviembre pasado superó por primera vez los 19.000 puntos. Durante la jornada del jueves, se acomodaba en los 20.100 puntos.

De momento, y sin ser aguafiestas, el alza experimentada por el indicador desde el pasado noviembre ha estado impulsada por el sector financiero, especialmente Goldman Sachs y JPMorgan, que representan un 20% de la rentabilidad acumulada. Los dos bancos se han visto impulsados por las expectativas de un repunte de la inflación y un incremento en los tipos de interés. 

 

 

El año que acaba de comenzar llega marcado por el cambio de administración en Estados Unidos y las señales inflacionistas que comienzan a parpadear intermitentemente ante la posibilidad de que la administración Trump logre aplicar estímulos fiscales y elevar las inversiones públicas en infraestructuras y defensa.

Factores que la propia Reserva Federal ya comenzó a contabilizar durante su última reunión de política monetaria celebrada el pasado 13 y 14 de diciembre, cuando Janet Yellen y los miembros del Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por sus siglas en inglés) optaron por llevar a cabo su segunda subida de tipos de la última década. 

Mientras tanto, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón mantienen sus políticas acomodaticias, aunque sus planes este año hacen pensar que la engullida de activos tocó techo el año pasado. Según los datos más recientes publicados por Yardeni Research, los balances de los principales bancos centrales del mundo acumulan alrededor de 17,6 billones de dólares en activos. De la cifra total, la Fed cuenta con alrededor de 4,4 billones de dólares, el BCE cerca de 3,5 billones de dólares mientras que el Banco de Japón suma cerca de 4,1 billones de dólares. El Banco Popular de China se lleva la palma, con cerca de 5 billones de dólares en activos.

Con esta referencia sobre la mesa, los escollos a sortear por los encargados de dictar la política monetaria entre las principales economías del mundo difiere según las necesidades particulares, destaca el último informe de Deutsche Bank. En el caso de la Reserva Federal, los expertos observan entre dos o tres subidas de tipos, especialmente en la segunda mitad del año si la economía comienza a repuntar. Yellen y el FOMC tendrán que hacer encaje de bolillos para que una política monetaria más agresiva no frene el avance económico. Las alzas se intensificarán en 2018.

En el caso del BCE, Mario Draghi y sus chicos mantienen su perspectiva acomodaticia y aumentarían sus estímulos si fuera necesario. El momento económico es positivo pero podría verse perjudicado por los riesgos políticos, con las elecciones en Francia y Alemania como referencia. Dicho esto, las perspectivas de una mejora en la inflación hacen pensar que la entidad deshará sus compras, un acto conocido como tapering en la jerga financiera, a partir de septiembre.

Por su parte, el Banco de Inglaterra, con Mark Carney al frente, no planea cambios en su política monetaria aunque el shock del Brexit puedo comenzar a pasar factura una vez que la primera ministra Theresa May active el Artículo 50 del Tratado de Lisboa. Si no se materializase un quebradero de cabeza económico, probablemente la entidad finalizará sus compras de activos en el primer trimestre de este año, aunque mantiene la puerta abierta a posibles estímulos si la situación empeorase.

En lo que se refiere al Banco de Japón, los analistas proyectan una recuperación impulsada por el consumo privado, la devaluación del yen y por ende cierta recuperación en los precios. La entidad de Haruhiko Kuroda tendrá que luchar por mantener su credibilidad acercándose a sus objetivos de inflación así como mantener bajo control la rentabilidad de la deuda pública nipona a 10 años ante la perspectiva de que otros bancos centrales, como la Fed, continúan con su escalada monetaria. De momento, Kuroda mantendrá su política sin cambios y defenderá sus objetivos pese a que esta situación genere algo de volatilidad en los mercados financieros.

La atención en los bancos centrales de economías emergentes también será intensa. En general muchos de estos países optarán por mantener los tipos sin cambios o relajar su política monetaria aunque en algunos casos, como México y Turquía, la presión sobre sus respectivas divisas así como los riesgos inflacionistas serán riesgos a tener en cuenta.

Con los últimos coletazos de 2016 dejando un buen sabor de boca, con una economía que crece un 2,5% en el trimestre en curso, una tasa de paro que flirtea con el pleno empleo y una inflación que repunta, la Reserva Federal pasa página y esboza ya sus planes para el próximo año. Un nuevo capítulo cuyo comienzo estará marcado por los cambios, tanto en el seno de Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC por sus siglas en inglés) el órgano que dicta el rumbo de la política monetaria, como en la Casa Blanca, donde el presidente electo, Donald Trump, comenzará su periplo el próximo 20 de enero. 

Modificaciones, algunas de ellas rutinarias, que pueden alterar las previsiones en mente del banco central estadounidense que recordemos proyectó hasta tres subidas de tipos en 2017. De momento, en el seno de la Fed, el cambio de guardia de los presidentes regionales con derecho a voto, "se muestra más interesante de lo habitual", asegura Sean Callow, analista de Westpac. Al fin y al cabo, de los cuatro miembros que toman el testigo de Esther George, presidenta de la Fed de Kansas City, Loretta Mester, su homóloga en la Fed de Cleveland, James Bullard, el capitán de la Fed de San Luís y Eric Rosengreen, el máximo funcionario de la Fed de Boston, tres votarán por primera vez y brindarán un aire fresco al FOMC, ya que su experiencia en el banco central es limitada con un bagaje más extenso en sectores como el financiero, la ingeniería o la educación.

Los novicios llegan abanderados por los presidentes de la Fed de Filadelfia, Patrick Harker, el de Minneapolis, Neel Kashkari y el de Dallas, Robert Kaplan. Sólo Charles Evans, quien regenta el banco central de Chicago, será un veterano dentro de la nueva remesa en el corazón del FOMC y una reconocida paloma, como se conoce a los funcionarios que favorecen políticas monetarias acomodaticias. 

Sin embargo, Harker, doctorado en ingeniería civil y quien ocupó su cargo en julio de 2015 tras presidir la Universidad de Delaware, ya ha dejado caer que no tiene miedo alguno de romper con el consenso de sus compañeros y no ha se ha mordido la lengua al hablar de temas como la inmigración y el libre comercio, asuntos poco discutidos por los funcionarios de la Fed, al menos públicamente. 

Por su parte, Kashkari no sólo es un ingeniero aerospacial quien tuvo aspiraciones políticas al postularse como gobernador de California, sino que fue un elemento crucial dentro del Departamento del Tesoro durante la crisis financiera. Con sólo un año al frente de la Fed de Minneapolis, su posición se ha mantenido neutra, apoyando una política acomodaticia siempre y cuando la inflación no supere el objetivo del 2% de la Fed. En el caso de Kaplan, quien tomó las riendas de la Fed de Dallas en septiembre de 2015, su militancia durante 23 años en Goldman Sachs y su posterior papel como profesor y decano de la Harvard Business School, le brindan un tono agnóstico que puede beneficiar al consenso. 

El equilibrio promete ser más evidente tras la salida del FOMC de George, quizás el miembro que más ha presionado por subir tipos durante el último año, votando en contra del consenso en cinco de las siete reuniones. Rosengreen y Mester también respaldaron a la presidenta de la Fed de Kansas en algunos encuentros, oficializando su papel de halcones, especialmente en la segunda mitad del año. 

El FOMC cuenta con un total de doce miembros con derecho de voto, siete de los cuales son miembros del consejo de gobierno del banco central estadounidense y que actualmente cuenta con dos puestos vacantes. El presidente de la Fed de Nueva York cuenta con una votación fija y los cuatro puestos restantes se turnan anualmente entre los 11 presidentes regionales de la Fed. Trump tendrá capacidad para suplir los dos puestos vacíos una vez tome posesión de su cargo con aprobación del Senado, lo que le permitirá influenciar las decisiones monetarias durante el próximo año. Adicionalmente, se espera que el gobernado Daniel Tarullo abandone su cargo cuando la nueva administración tome las riendas. 

 

"Esperamos que en los primeros meses haya un mayor roce entre los miembros económicos de la administración Trump y la Fed", avisa Richard Koo, economista jefe del Nomura Research Insitute, quien recuerda que muchos de los elegidos del presidente electo llegan lado empresarial, con una visión microeconómica, por lo que les será difícil adoptar una visión macroeconómica de forma inmediata. "El mejor escenario para Trump es seguir los consejos de la presidente de la Fed, Janet Yellen, en lo que a economía se refiere", explica Koo justificando que el banco central es el que mejor entiende unas "condiciones muy anormales" donde el sector privado ahorra más del 5% del PIB, a pesar de las tasas de interés no se alejan de mínimos históricos.

Página 1 de 17