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La entente cordiale entre Trump, el Congreso y Wall Street Destacado

En medio de cierta conmoción, donde los demócratas quedaron boquiabiertos y los republicanos se frotaban las manos ante su nuevo paraíso político, el próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró durante su discurso de victoria durante la madrugada del miércoles que será el mandatario "de todos los americanos". "Juntos lograremos devolver el sueño americano", prometió. 

Un anhelo que para muchos seguidores de la demócrata Hillary Clinton se transformó inmediatamente en pesadilla, no olvidemos que en estos momentos la exsecretaria de Estado adelantó al empresario en el voto popular pero no en el Colegio Electoral, pero que alineó los astros de los republicanos. Mientras Trump ganó en pulso en estados como Florida, Ohio, Iowa o Carolina del Norte, los triunfos en Pensilvania o Wisconsin, donde la herencia demócrata reinaba desde 1988, consagraron al multimillonario como inquilino de la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, las elecciones legislativas se contagiaron del esfuerzo llevado a cabo por el empresario. En el Senado, la Cámara donde los demócratas tenían alguna posibilidad de hacer virar la tendencia política, sólo Illinois se postuló como el escaño que cambio de partido. Por su parte, el Congreso quedó blindado también para los republicanos. 

"Esta victoria da al partido republicano y su presidente electo, poderes que excederán a los de su predecesor, Barack Obama, y permitirán una aprobación más fluida de la legislación", explica Lindsay Newman, directora de análisis de la con IHS Country Risk. "También altera drásticamente las perspectivas sobre el Tribunal Supremo, que actualmente cuenta con un equilibrio entre liberales y conservadores", señala. Obviamente, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, quien durante las últimas semanas de campaña se distanció de Trump, reculó al asegurar que éste "se ha ganado su mandato" y calificar la victoria como una "hazaña política increíble". 

No es para menos. El presidente del Congreso, junto con su homólogo en el Senado, Mitch McConnell, tienen ahora que limar asperezas con el presidente quien, sobre el papel, comulga ideológicamente con parte de la agenda republicano pero donde las rencillas no tardarán en salir a la superficie. Al fin y al cabo, bajo circunstancias normales, un mandatario cuyo partido controla el Capitolio, puede asegurarse una aprobación rápida y ágil de su legislación. Sin embargo ningún aspecto que rodea a la presidencia número 45 de la mayor potencia económica puede calificarse como rutinaria. 

En estos momentos, Robard Williams, vicepresidente de Moody´s, observa una luna de miel durante los primeros 100 días de Trump como presidente donde la sintonía con los legisladores republicanos se dejará notar en materia financiera, tributaria y sobre todo de seguros de salud. "Trump ha abogado por la derogación de Obamacare, si bien esto podría crear cierta confusión a corto plazo si no se maneja correctamente, el visto bueno del Congreso es posible y a largo plazo puede tener un impacto positivo para las aseguradoras, dándoles mayor flexibilidad sus precios y políticas de suscripción", explica. 

Trump y los legisladores republicanos también congeniarán en lo que a recortes de impuestos se refiere. Mientras el nuevo presidente apuesta por reducir el impuesto de sociedades hasta el 15%, Ryan habla de un 20%. Ambos consideran reducir el código tributario de los impuestos sobre la renta hasta tres franjas desde las siete actuales, donde un individuo pagaría como máximo una tasa del 25% frente al 39,6% actual, de acuerdo a los planes de Trump. El Congreso busca un punto medio de hasta el 33%. 

Newman coincide con este punto al estimar que se dará "prioridad a la reforma tributaria" mientras que la administración Trump y el Capitolio republicano "buscarán inmediatamente deshacer los decretos de Obama en materia de inmigración, control de armas y las relaciones cubano-americanas". Pese a la que se avecina, el predecesor de Trump en el Despacho Oval, Barack Obama, aseguró ayer que la transición entre su administración y la de Trump será "exitosa". Dicho esto, el engranaje político y las tiranteces políticas durante una de las campañas más feroces de la historia se dejarán sentir más a largo plazo.

Ryan, en el Congreso desde 1999, es un halcón fiscal y busca ajustes de presupuestos que no comulgan con muchos de los planes de Trump. También se ha mostrado incómodo con algunas de las medidas migratorias del próximo presidente, especialmente la de prohibir temporalmente la entrada de musulmanes en el país. Por su parte, McConnell, con basta experiencia en el Capitolio, ha mantenido las distancias con el multimillonario y ha dejado claro que éste no cambiará las ideologías del partido, lo que sugiere que los republicanos intentarán modelar al empresario. Algo que se demuestra complicado, especialmente en materia de inmigración y comercio. 

La victoria de Donald Trump y su alineación ideológica en ambas Cámaras del Capitolio hace pensar que no se tardará demasiado en nombrar un juez conservador para cubrir la vacante dejada por Antonin Scalia en el Tribunal Supremo. El Tribunal Supremo es uno de los pilares sobre los que se sostiene la separación de poderes del sistema político a este lado del Atlántico y a lo largo de la historia ha tomado decisiones decisivas, como la legalización del matrimonio homosexual en todo el país y el fin de la segregación racial en las escuelas. El nombramiento de un nuevo juez, con una inclinación más conservadora, rompe el equilibrio actual y moldeará con un tono más conservador futuras legislaciones del país. 

Modificado por última vez en Jueves, 10 Noviembre 2016 17:23