Miércoles, 26 Abril 2017 | Login
Jose Luis De Haro Sánchez

Jose Luis De Haro Sánchez

Editor DesdeWallStreet.com

La Reserva Federal daba rienda suelta a sus halcones con una nueva subida de tipos de interés de 25 puntos básicos el miércoles, la tercera desde 2008. Sin escollos en el horizonte más cercano, el banco central estadounidense se prepara así para continuar de forma progresiva con su normalización monetaria. Una ruta que según sus últimas perspectivas económicas incluirá dos vueltas de tuerca más este año a la manivela, dejando los tipos de interés en el entorno del 1,4% al cierre de 2017. 

En este sentido, el mercado descuenta ya que el próximo incremento de 25 puntos básicos llegará en la reunión del próximo 13 y 14 de junio, con el 55,7% de los operadores respaldando la decisión, según el indicador FedWatch de la Bolsa Mercantil de Chicago (CME, por sus siglas en inglés). Lo que no está tan claro es cuando se producirá el siguiente movimiento, que bien podría llegar en el encuentro de septiembre o retrasarse hasta la comitiva del 12 y el 13 de diciembre. 

La Fed mantuvo sin grandes cambios sus perspectivas, que telegrafían hasta tres subidas de tipos en 2018, alcanzando el 2,1%, y elevaron en una décima su meta para finales de 2019, hasta el 3%. 

Por otro lado, en lo que a inflación se refiere y con los planes económicos de Trump en mente, que incluyen desde una bajada generalizada de impuestos hasta una posible inversión de hasta un billón de dólares en infraestructuras, la presidenta de la Fed, Janet Yellen, adelantó que todavía es "demasiado pronto para predecir los efectos de políticas fiscales". En relación a este tema, Yellen indicó que "no se debatieron en detalle" los posibles cambios fiscales que puedan derivarse del nuevo gobierno en Washington. 

 

La renta variable potenció ligeramente sus ganancias tras conocer la decisión de la Fed y escuchar atentamente las palabras de Yellen. El Dow Jones llegó a sumar más de 100 puntos durante la intervención de la presidenta del banco central estadounidense, quien no se mostró preocupada por el peligro de una burbuja en ciernes. 

 

 

 

Viernes, 26 Febrero 2027 16:53

Jose Luis de Haro

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La renta variable de Estados Unidos continúa su senda ascendente a la espera de conocer más detalles del fabuloso y excepcional plan de impuestos de la administración Trump. A falta de detalles y con la temporada de presentación de resultados llegando a su fin, los beneficios de las compañías del S&P 500 vieron durante el último trimestre como sus beneficios subieron un 5% interanual, cerrando así su tercer trimestre consecutivo de mejora tras la recesión sufrida entre el segundo trimestre de 2015 y el segundo trimestre del año pasado. 

Al mismo tiempo, en las conferencias telefónicas para presentar estos resultados la palabra "optimismo" fue usada en un 51% de las intervenciones, todo un récord según los datos que recopila Bank of America Merrill Lynch. Pero ¿qué genera esta euforia entre las empresas de EEUU?. Básicamente e indagando en los mensajes por los distintos consejeros delegados y directores financieros del país cuatro factores fundamentales: la reforma del código tributario, una regulación más laxa, las perspectivas de un mayor gasto público y, como no, las políticas comerciales del nuevo gobierno de EEUU. 

"Una rebaja del impuesto de sociedades representa un viento de cola para los beneficios empresariales, pero nuestros economistas esperan que la reforma se retrase hasta finales de este año o comienzos del que viene", avisa David J. Kostin, estratega jefe de Goldman Sachs para EEUU. Aún así, compañías como la petrolera Chevron reconocieron como "el sistema fiscal de EEUU no es competitivo" de ahí que sigan ofreciendo sus pareceres a las ideas promulgadas hasta ahora por la administración Trump. 

"Creo que la decisión más impactante de una reforma sería igualar las reglas del juego entre las compañías de EEUU y las extranjeras especialmente en lo que se refiere a las extranjeras, que no tienen las ventajas tributarias de adquirir otras empresas y llevárselas a otros países con una fiscalidad más baja", señalaban desde Pfizer. 

"Soy optimista dado que se espera algún tipo de reforma fiscal este año y parece que la repatriación de beneficios formará parte de ella, eso será bueno para el país y para Apple", aseguraba el propio Tim Cook. "¿Qué es lo que haremos con este nuevo contexto?, tenemos que esperar y ver exactamente las condiciones", añadía.  En este sentido, PayPal considera que si se pudieran repatriar beneficios de una forma más eficiente, la compañía pensaría de forma distinta en lo que se refiere a sus inversiones de capital.  

Al respecto de una regulación más laxa, en un esfuerzo por simplificar las normativas y reducir su impacto en las compañías, el presidente Donald Trump ha firmado ya varios decretos al respecto, entre ellos uno que pone en observación la reforma financiera. 

"El presidente tiene una agenda muy específica en términos de la reforma tributaria y regulatoria", indicaba el capitán de la operadora telefónica AT&T, Randall L. Stephenson, quien se ha reunido ya con el inquilino de la Casa Blanca. "Estamos muy motivados ante las expectativas de una relajación en las reglas para impulsar la inversión", afirmaban desde el conglomerado de cable, Comcast. 

Los bancos también se mantienen optimistas ante la posibilidad de que algunas partes de la reforma financiera, Dodd-Frank, acaben por desaparecer. "Si hubiera una relajación regulatoria, veremos como los bancos crecen y son más agresivos, abriendo sucursales en nuevas ciudades y aumentando sus portafolios de préstamos", dijo Jamie Dimon, consejero delegado de J.P. Morgan. "El optimismo es positivo para Bank of America y nuestros clientes, todavía debemos esperar y conocer detalles pero somos optimistas", avisaba su homólogo en BofAML, Brian Moynihan. 

Otro asunto importante es la expectativa de un incremento en las inversiones públicas en infraestructura y defensa de hasta un billón de dólares. Desde Lockheed Martin, uno de los principales contratistas del ejército y compañía que ha sido criticada por el propio Trump, aseguraban que dado el secuestro de gasto dentro de los presupuestos "la compañía no ha invertido durante los últimos años como debería, estamos muy animados por el diálogo de la nueva administración". 

Por su parte, Caterpillar apuntó que si "la reforma tributaría, el gasto público y una menor regulación acaban por materializarse a lo largo de este año, muchos de sus clientes se mostrarán más optimistas de cara a 2018 y aumentarán sus órdenes e inventarios". 

En último lugar, donde más preocupación hay es en la política comercial que adopte la nueva administración, que ya ha retirado a EEUU del Acuerdo Trans-Pacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) y busca renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). "Nike continúa creyendo en el comercio libre y justo, somos una compañía global pero en estos momentos es demasiado pronto para especular al respecto", indicó el CEO de Nike, Mark Parker durante la última presentación de resultados trimestrales. 

Desde Morgan Stanley consideran un "caso bajista" donde la confusión geopolítica "genera la suficiente confusión" que afectaría la psique de los inversores. En esta situación, la actividad de compras y fusiones empresariales podría verse afectada así como otras áreas de negocio para la banca. Para PayPal, un aumento del proteccionismo parece no suponer un problema, al menos a corto plazo. "Nuestras transacciones medias son de 60 dólares. Las tarifas sólo repercuten a productos y servicios por encima de los 800 dólares, por lo que parte de esta situación no afectará nuestras operaciones diarias", aseguraron desde la compañía de pagos online. 

 

Mientras el iPhone sigue siendo el pilar que aporta a Apple dos tercios de sus ingresos, los servicios de la de Cupertino, que comprenden desde su servicio de streaming de música, su tienda iTunes o su App Store, entre otros, se postula como el negocio que más crece en estos momentos dentro de la compañía. 

"Esperamos que este año el tamaño de los ingresos generados por nuestros servicios equivalgan a los de una compañía del Fortune 100", indicó Tim Cook, consejero delegado de Apple durante la conferencia telefónica para dar a conocer sus cifras. El capitán de la compañía adelantó que Apple espera duplicar los ingresos de este negocio en los próximos cuatro años y consolidar aún más este área, que equiparó a una de las 100 mayores compañías del país. 

En su primer trimestre fiscal de 2017, los servicios de Apple, donde también se incluye Apple Pay o AppleCare, alcanzaron los 7.172 millones de dólares un 18% más que los 6.056 millones de dólares registrados en el mismo periodo del año anterior y un 13% más que los 6.325 millones alcanzados en su cuarto trimestre fiscal de 2016. En términos interanuales (comparando ingresos con los registrados en el primer trimestre fiscal de 2016), mientras las ventas del iPhone subían un 5% o las de iPads se desplomaban un 22%, los servicios de la de Cupertino se postulan como el área con más potencial de crecimiento para la compañía. 

De hecho, los ingresos de este negocio superan ya a los generados por los iPads, que alcanzaron los 5.533 millones de dólares en el primer trimestre fiscal de 2017 (que comprende los tres últimos meses del año pasado) y se quedaron a las puertas de superar a los de los ordenadores Mac, que alcanzaron los 7.244 millones de dólares. Aún así, si echamos la vista atrás, el negocio de servicios de Apple ya superó en facturación a los ordenadores Mac en el cuarto trimestre fiscal de 2016. 

Todo indica que el negocio de servicios se ha convertido en otro importante pulmón para la compañía que ha visto, por ejemplo, como el volumen de transacciones de Apple Pay creció un 500% interanual en su primer trimestre fiscal de 2017. Luca Maestri, director financiero de la de Cupertino, señaló en la misma conferencia que "los ingresos de la App Store (la tienda de aplicaciones de Apple) duplica en ingresos a Google Play". 

Obviamente estos ingresos todavía no hacen sombra a las ventas del iPhone, que tocaron los 54.378 millones de dólares entre octubre y diciembre pero se postulan como una importante alternativa en el caso de que el negocio insignia de Apple vuelva a flaquear en los próximos trimestres. 

 

 

La Bolsa de Nueva de Nueva se convirtió el miércoles en una verdadera fiesta. Con el eco de su campana todavía zumbando a pie de parqué y los directivos de Triangle Capital Corporation celebrando su décimo aniversario en el balcón, el Dow Jones consiguió romper la histórica marca de los 20.000 puntos. Un número redondo que consagra la momentánea confianza de los inversores y operadores americanos en su nuevo presidente, Donald Trump. 

"Es un claro respaldo a lo que está sucediendo en Washington", me explicaba, Peter Tuchman, director de operaciones de Quattro Securities, quien enfundado en su gorra bordada con la idolatrada cifra señaló que la administración de Donald Trump "es una carta arriesgada". Aún así, su clara apuesta por las medidas que impulsarán el crecimiento económico, con las cacareadas rebajas de impuestos e inversiones en infraestructuras, siguen surtiendo efecto entre los principales indicadores bursátiles. 

No lejos del puesto de operaciones de Tuchman, Ken Polcari, director de O´Neil Securities, echaba la vista atrás y recordaba aquel 12 agosto de 1982, con sólo 21 años, cuando el Dow cerró por primera vez los 1.000 puntos. "Aquello sí que fue emocionante", reconocía. Sin embargo, observando los niveles actuales y el récord alcanzado nada más comenzar la jornada, destacó como el presidente Trump "no está tomando prisioneros", es decir, está siendo agresivo y no amedrentándose a la hora de fijar sus objetivos.

"En lugar de fijarnos en el unilateralismo y el espíritu proteccionista que ha ensombrecido las últimas semanas, toda la atención ha virado a los resultados empresariales y las futuras obras de infraestructura, con la reapertura de los oleoductos Keystone XL y Dakota Access, en mente", aseguraba. Un renovado optimismo que ya experimentamos durante la resaca electoral y que desde el pasado 8 de noviembre ha engordado al Dow Jones, compuesto por 30 valores representativos de la economía estadounidense, en alrededor de 1.800 puntos. 

El propio inquilino de la Casa Blanca quiso sumarse a la celebración a través de un tuit donde se limitó a decir: "Genial #Dow20K". Un guiño del mandatario a un mercado al que "le está gustando lo que está haciendo hasta ahora", me reiteraba Jason Blatt, director de operaciones de Deep Value. "Vamos a poner a prueba este nivel en varias ocasiones", avisa aventurando que si en las próximas semanas, el presidente contradice al mercado  "podríamos ver una renovada tendencia a la baja". "En general me siento muy animado por lo que he visto hasta ahora y por eso creo que mantendremos este nivel durante un tiempo", añadía. 

Tanto Tuchman como Polcari y Blatt coincidían en señalar que aunque los primeros pasos de Trump al frente del país se desarrollan de acuerdo a su mensaje de prioritarizar al país y su economía por encima de todo, "todavía tenemos mucho camino por delante". "Hemos visto un ascenso bastante rápido. Ahora estamos recibiendo un impulso con los resultados corporativos y tenemos varios catalizadores actuando de forma conjunta", reconoce Tuchman al mismo tiempo que pone de manifiesto que ahora sólo hay dos opciones: "acomodarnos en este nivel y continuar subiendo o caer completamente". 

Una situación de la que ya me advertía hace unos meses Seth J. Masters, director de inversión de Bernstein Global Wealth Management, al considerar que una vez superados los 20.000, el Dow "subirá y bajará de este nivel durante bastante tiempo". Masters fue uno de los primeros expertos en comenzar a hablar de esta histórica marca hace ya más de cuatro años. El Dow Jones, cuyo nacimiento remonta hasta 1896, conquistó el miércoles por primera vez los 20.000 puntos, tres años después de que tocara por primera vez los 15.000 enteros y tras llegar a los 10.000 en 1999. El 22 de noviembre pasado superó por primera vez los 19.000 puntos. Durante la jornada del jueves, se acomodaba en los 20.100 puntos.

De momento, y sin ser aguafiestas, el alza experimentada por el indicador desde el pasado noviembre ha estado impulsada por el sector financiero, especialmente Goldman Sachs y JPMorgan, que representan un 20% de la rentabilidad acumulada. Los dos bancos se han visto impulsados por las expectativas de un repunte de la inflación y un incremento en los tipos de interés. 

 

 

El año que acaba de comenzar llega marcado por el cambio de administración en Estados Unidos y las señales inflacionistas que comienzan a parpadear intermitentemente ante la posibilidad de que la administración Trump logre aplicar estímulos fiscales y elevar las inversiones públicas en infraestructuras y defensa.

Factores que la propia Reserva Federal ya comenzó a contabilizar durante su última reunión de política monetaria celebrada el pasado 13 y 14 de diciembre, cuando Janet Yellen y los miembros del Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por sus siglas en inglés) optaron por llevar a cabo su segunda subida de tipos de la última década. 

Mientras tanto, el Banco Central Europeo y el Banco de Japón mantienen sus políticas acomodaticias, aunque sus planes este año hacen pensar que la engullida de activos tocó techo el año pasado. Según los datos más recientes publicados por Yardeni Research, los balances de los principales bancos centrales del mundo acumulan alrededor de 17,6 billones de dólares en activos. De la cifra total, la Fed cuenta con alrededor de 4,4 billones de dólares, el BCE cerca de 3,5 billones de dólares mientras que el Banco de Japón suma cerca de 4,1 billones de dólares. El Banco Popular de China se lleva la palma, con cerca de 5 billones de dólares en activos.

Con esta referencia sobre la mesa, los escollos a sortear por los encargados de dictar la política monetaria entre las principales economías del mundo difiere según las necesidades particulares, destaca el último informe de Deutsche Bank. En el caso de la Reserva Federal, los expertos observan entre dos o tres subidas de tipos, especialmente en la segunda mitad del año si la economía comienza a repuntar. Yellen y el FOMC tendrán que hacer encaje de bolillos para que una política monetaria más agresiva no frene el avance económico. Las alzas se intensificarán en 2018.

En el caso del BCE, Mario Draghi y sus chicos mantienen su perspectiva acomodaticia y aumentarían sus estímulos si fuera necesario. El momento económico es positivo pero podría verse perjudicado por los riesgos políticos, con las elecciones en Francia y Alemania como referencia. Dicho esto, las perspectivas de una mejora en la inflación hacen pensar que la entidad deshará sus compras, un acto conocido como tapering en la jerga financiera, a partir de septiembre.

Por su parte, el Banco de Inglaterra, con Mark Carney al frente, no planea cambios en su política monetaria aunque el shock del Brexit puedo comenzar a pasar factura una vez que la primera ministra Theresa May active el Artículo 50 del Tratado de Lisboa. Si no se materializase un quebradero de cabeza económico, probablemente la entidad finalizará sus compras de activos en el primer trimestre de este año, aunque mantiene la puerta abierta a posibles estímulos si la situación empeorase.

En lo que se refiere al Banco de Japón, los analistas proyectan una recuperación impulsada por el consumo privado, la devaluación del yen y por ende cierta recuperación en los precios. La entidad de Haruhiko Kuroda tendrá que luchar por mantener su credibilidad acercándose a sus objetivos de inflación así como mantener bajo control la rentabilidad de la deuda pública nipona a 10 años ante la perspectiva de que otros bancos centrales, como la Fed, continúan con su escalada monetaria. De momento, Kuroda mantendrá su política sin cambios y defenderá sus objetivos pese a que esta situación genere algo de volatilidad en los mercados financieros.

La atención en los bancos centrales de economías emergentes también será intensa. En general muchos de estos países optarán por mantener los tipos sin cambios o relajar su política monetaria aunque en algunos casos, como México y Turquía, la presión sobre sus respectivas divisas así como los riesgos inflacionistas serán riesgos a tener en cuenta.

Con los últimos coletazos de 2016 dejando un buen sabor de boca, con una economía que crece un 2,5% en el trimestre en curso, una tasa de paro que flirtea con el pleno empleo y una inflación que repunta, la Reserva Federal pasa página y esboza ya sus planes para el próximo año. Un nuevo capítulo cuyo comienzo estará marcado por los cambios, tanto en el seno de Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC por sus siglas en inglés) el órgano que dicta el rumbo de la política monetaria, como en la Casa Blanca, donde el presidente electo, Donald Trump, comenzará su periplo el próximo 20 de enero. 

Modificaciones, algunas de ellas rutinarias, que pueden alterar las previsiones en mente del banco central estadounidense que recordemos proyectó hasta tres subidas de tipos en 2017. De momento, en el seno de la Fed, el cambio de guardia de los presidentes regionales con derecho a voto, "se muestra más interesante de lo habitual", asegura Sean Callow, analista de Westpac. Al fin y al cabo, de los cuatro miembros que toman el testigo de Esther George, presidenta de la Fed de Kansas City, Loretta Mester, su homóloga en la Fed de Cleveland, James Bullard, el capitán de la Fed de San Luís y Eric Rosengreen, el máximo funcionario de la Fed de Boston, tres votarán por primera vez y brindarán un aire fresco al FOMC, ya que su experiencia en el banco central es limitada con un bagaje más extenso en sectores como el financiero, la ingeniería o la educación.

Los novicios llegan abanderados por los presidentes de la Fed de Filadelfia, Patrick Harker, el de Minneapolis, Neel Kashkari y el de Dallas, Robert Kaplan. Sólo Charles Evans, quien regenta el banco central de Chicago, será un veterano dentro de la nueva remesa en el corazón del FOMC y una reconocida paloma, como se conoce a los funcionarios que favorecen políticas monetarias acomodaticias. 

Sin embargo, Harker, doctorado en ingeniería civil y quien ocupó su cargo en julio de 2015 tras presidir la Universidad de Delaware, ya ha dejado caer que no tiene miedo alguno de romper con el consenso de sus compañeros y no ha se ha mordido la lengua al hablar de temas como la inmigración y el libre comercio, asuntos poco discutidos por los funcionarios de la Fed, al menos públicamente. 

Por su parte, Kashkari no sólo es un ingeniero aerospacial quien tuvo aspiraciones políticas al postularse como gobernador de California, sino que fue un elemento crucial dentro del Departamento del Tesoro durante la crisis financiera. Con sólo un año al frente de la Fed de Minneapolis, su posición se ha mantenido neutra, apoyando una política acomodaticia siempre y cuando la inflación no supere el objetivo del 2% de la Fed. En el caso de Kaplan, quien tomó las riendas de la Fed de Dallas en septiembre de 2015, su militancia durante 23 años en Goldman Sachs y su posterior papel como profesor y decano de la Harvard Business School, le brindan un tono agnóstico que puede beneficiar al consenso. 

El equilibrio promete ser más evidente tras la salida del FOMC de George, quizás el miembro que más ha presionado por subir tipos durante el último año, votando en contra del consenso en cinco de las siete reuniones. Rosengreen y Mester también respaldaron a la presidenta de la Fed de Kansas en algunos encuentros, oficializando su papel de halcones, especialmente en la segunda mitad del año. 

El FOMC cuenta con un total de doce miembros con derecho de voto, siete de los cuales son miembros del consejo de gobierno del banco central estadounidense y que actualmente cuenta con dos puestos vacantes. El presidente de la Fed de Nueva York cuenta con una votación fija y los cuatro puestos restantes se turnan anualmente entre los 11 presidentes regionales de la Fed. Trump tendrá capacidad para suplir los dos puestos vacíos una vez tome posesión de su cargo con aprobación del Senado, lo que le permitirá influenciar las decisiones monetarias durante el próximo año. Adicionalmente, se espera que el gobernado Daniel Tarullo abandone su cargo cuando la nueva administración tome las riendas. 

 

"Esperamos que en los primeros meses haya un mayor roce entre los miembros económicos de la administración Trump y la Fed", avisa Richard Koo, economista jefe del Nomura Research Insitute, quien recuerda que muchos de los elegidos del presidente electo llegan lado empresarial, con una visión microeconómica, por lo que les será difícil adoptar una visión macroeconómica de forma inmediata. "El mejor escenario para Trump es seguir los consejos de la presidente de la Fed, Janet Yellen, en lo que a economía se refiere", explica Koo justificando que el banco central es el que mejor entiende unas "condiciones muy anormales" donde el sector privado ahorra más del 5% del PIB, a pesar de las tasas de interés no se alejan de mínimos históricos.

En medio de cierta conmoción, donde los demócratas quedaron boquiabiertos y los republicanos se frotaban las manos ante su nuevo paraíso político, el próximo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiteró durante su discurso de victoria durante la madrugada del miércoles que será el mandatario "de todos los americanos". "Juntos lograremos devolver el sueño americano", prometió. 

Un anhelo que para muchos seguidores de la demócrata Hillary Clinton se transformó inmediatamente en pesadilla, no olvidemos que en estos momentos la exsecretaria de Estado adelantó al empresario en el voto popular pero no en el Colegio Electoral, pero que alineó los astros de los republicanos. Mientras Trump ganó en pulso en estados como Florida, Ohio, Iowa o Carolina del Norte, los triunfos en Pensilvania o Wisconsin, donde la herencia demócrata reinaba desde 1988, consagraron al multimillonario como inquilino de la Casa Blanca.

Al mismo tiempo, las elecciones legislativas se contagiaron del esfuerzo llevado a cabo por el empresario. En el Senado, la Cámara donde los demócratas tenían alguna posibilidad de hacer virar la tendencia política, sólo Illinois se postuló como el escaño que cambio de partido. Por su parte, el Congreso quedó blindado también para los republicanos. 

"Esta victoria da al partido republicano y su presidente electo, poderes que excederán a los de su predecesor, Barack Obama, y permitirán una aprobación más fluida de la legislación", explica Lindsay Newman, directora de análisis de la con IHS Country Risk. "También altera drásticamente las perspectivas sobre el Tribunal Supremo, que actualmente cuenta con un equilibrio entre liberales y conservadores", señala. Obviamente, el presidente de la Cámara de Representantes, el republicano Paul Ryan, quien durante las últimas semanas de campaña se distanció de Trump, reculó al asegurar que éste "se ha ganado su mandato" y calificar la victoria como una "hazaña política increíble". 

No es para menos. El presidente del Congreso, junto con su homólogo en el Senado, Mitch McConnell, tienen ahora que limar asperezas con el presidente quien, sobre el papel, comulga ideológicamente con parte de la agenda republicano pero donde las rencillas no tardarán en salir a la superficie. Al fin y al cabo, bajo circunstancias normales, un mandatario cuyo partido controla el Capitolio, puede asegurarse una aprobación rápida y ágil de su legislación. Sin embargo ningún aspecto que rodea a la presidencia número 45 de la mayor potencia económica puede calificarse como rutinaria. 

En estos momentos, Robard Williams, vicepresidente de Moody´s, observa una luna de miel durante los primeros 100 días de Trump como presidente donde la sintonía con los legisladores republicanos se dejará notar en materia financiera, tributaria y sobre todo de seguros de salud. "Trump ha abogado por la derogación de Obamacare, si bien esto podría crear cierta confusión a corto plazo si no se maneja correctamente, el visto bueno del Congreso es posible y a largo plazo puede tener un impacto positivo para las aseguradoras, dándoles mayor flexibilidad sus precios y políticas de suscripción", explica. 

Trump y los legisladores republicanos también congeniarán en lo que a recortes de impuestos se refiere. Mientras el nuevo presidente apuesta por reducir el impuesto de sociedades hasta el 15%, Ryan habla de un 20%. Ambos consideran reducir el código tributario de los impuestos sobre la renta hasta tres franjas desde las siete actuales, donde un individuo pagaría como máximo una tasa del 25% frente al 39,6% actual, de acuerdo a los planes de Trump. El Congreso busca un punto medio de hasta el 33%. 

Newman coincide con este punto al estimar que se dará "prioridad a la reforma tributaria" mientras que la administración Trump y el Capitolio republicano "buscarán inmediatamente deshacer los decretos de Obama en materia de inmigración, control de armas y las relaciones cubano-americanas". Pese a la que se avecina, el predecesor de Trump en el Despacho Oval, Barack Obama, aseguró ayer que la transición entre su administración y la de Trump será "exitosa". Dicho esto, el engranaje político y las tiranteces políticas durante una de las campañas más feroces de la historia se dejarán sentir más a largo plazo.

Ryan, en el Congreso desde 1999, es un halcón fiscal y busca ajustes de presupuestos que no comulgan con muchos de los planes de Trump. También se ha mostrado incómodo con algunas de las medidas migratorias del próximo presidente, especialmente la de prohibir temporalmente la entrada de musulmanes en el país. Por su parte, McConnell, con basta experiencia en el Capitolio, ha mantenido las distancias con el multimillonario y ha dejado claro que éste no cambiará las ideologías del partido, lo que sugiere que los republicanos intentarán modelar al empresario. Algo que se demuestra complicado, especialmente en materia de inmigración y comercio. 

La victoria de Donald Trump y su alineación ideológica en ambas Cámaras del Capitolio hace pensar que no se tardará demasiado en nombrar un juez conservador para cubrir la vacante dejada por Antonin Scalia en el Tribunal Supremo. El Tribunal Supremo es uno de los pilares sobre los que se sostiene la separación de poderes del sistema político a este lado del Atlántico y a lo largo de la historia ha tomado decisiones decisivas, como la legalización del matrimonio homosexual en todo el país y el fin de la segregación racial en las escuelas. El nombramiento de un nuevo juez, con una inclinación más conservadora, rompe el equilibrio actual y moldeará con un tono más conservador futuras legislaciones del país. 

 

A poco más de una semana para la jornada electoral para elegir al próximo presidente de Estados Unidos, la mayor economía del mundo no atraviesa su mejor momento. La primera mitad del año, marcada por los vaivenes procedentes de China, los mínimos marcados por el crudo y los efectos del fortalecimiento del dólar no permitieron que la actividad económica repuntase más allá de un 1,1%. Los más optimistas hablaban del rebote que el PIB experimentaría en la segunda mitad del año, un hecho que todavía está por llegar. 

En estos momentos los indicadores que baraja el banco central estadounidense no son demasiado halagüeños. El GDP Now que elabora la Reserva Federal de Atlanta sitúa el crecimiento en el tercer trimestre en el 2%, lejos del 3,8% que llegó a registrar hace unos meses. Las proyecciones que barajan los funcionarios de la Fed de Nueva York recogen un crecimiento del 2,3% entre los meses de julio y septiembre y del 1,6% para el trimestre en curso. Un balance que anticipa que la economía estadounidense perderá la marca del 2% en términos de crecimiento.

De hecho, el propio Fondo Monetario Internacional recoge en sus Perspectivas Económicas Mundiales (WEO, por sus siglas en inglés) que el PIB estadounidense crecerá este año un 1,57%, lo que supone su peor avance desde la Gran Recesión sufrida en 2009 quedando por debajo de los niveles registrados en 2011 y 2013, cuando EEUU creció ligeramente por encima del 1,6%. En estas circunstancias, con la Fed apuntando a una subida de 25 puntos básicos antes de que acabe el año, el próximo inquilino de la Casa Blanca deberá prioritarizar sus planes para reavivar la actividad económica. 

"El gasto público tiene margen de maniobra para ser incrementado dado que ha sido bastante débil durante este año", apunta Joseph LaVorgna, economista jefe de Deutsche Bank en Nueva York. En este sentido, avanza que "el próximo presidente podría respaldar un importante estímulo fiscal". Precisamente, en el tercer y último debate presidencial celebrado la semana pasada en Las Vegas, tanto la demócrata Hillary Clinton como el republicano Donald Trump tuvieron que responder a las insistentes preguntas del presentador de Fox News, Chris Wallace sobre sus propuestas. 

Clinton apostó por una "economía creciente que dará a las familias de clase media más oportunidades" a través de impulsos como las energías renovables. Recordemos que el conjunto de sus medidas económicas incluye un plan de inversión en infraestructuras por valor de aproximadamente 250.000 millones de dólares. La demócrata también se comprometió a incrementar el salario mínimo, actualmente en los 7,25 dólares a la hora para aquellos empleadores que ofrezcan seguro médico, una paga equitativa para las mujeres y garantizar que las universidades públicas serán gratuitas, un plan que abandera junto al senador de Vermont, Bernie Sanders. En un revés para su oponente, la ex senadora de Nueva York avisó que los planes económicos de Trump "pueden provocar una nueva Gran Recesión". 

Como es ya costumbre el multimillonario empresario atacó los acuerdos comerciales vigentes, especialmente el "desastre" del NAFTA. El republicano apuesta por "un recorte masivo de impuestos" para volver a poner en marcha la economía. Trump ha propuesto una rebaja tributaria de alrededor de 4,4 billones de dólares, recortar el gasto público y reducir las regulaciones como panacea para reavivar el sueño americano. Según sus estimaciones, estas medidas impulsarían al PIB de EEUU a expandirse un 4% o incluso más, entre un 5% y un 6%. 

El Centro de Políticas Fiscales advierte sin embargo que sus medidas sumarían alrededor de 6,2 billones de dólares al creciente endeudamiento del país durante la próxima década. Un cálculo que consideran excesivo desde el Instituto Americano de Empresas, donde Kevin Hassett, quien fue consejero de campaña de Mitt Romney en 2012, explica que "cuando se piensa en los efectos del gran cambio en materia impositiva, nuestros cálculos indican una carga un par de billones por debajo de los 6,2 billones.

Sin embargo, durante el último debate que tuvo lugar en la Universidad de Nevada en Las Vegas, Wallace sacó los colores a ambos candidatos al estimar que la deuda nacional, que en estos momentos alcanza el 77% del PIB, seguirá creciendo hasta un 86% del PIB bajo el mandato de Clinton y sobrepasará el 100% del PIB en una administración capitaneada por Trump. La demócrata se defendió afirmando que sus planes económicos "no añadirán ni un centavo" a la deuda mientras que reiteró su idea de "reforzar a la clase media". La candidata apoyó la necesidad de incrementar las inversiones en seguridad social, a través de incremento de impuestos a las clases más acomodadas, pero incidió en que no recortará beneficios. 

Trump volvió a echar mano de su discurso, con la promesa de crear miles de empleos, evitar que estos vayan a otros países y estimular el crecimiento económico. "Veremos una maquinaria económica que no hemos visto en muchas décadas", dijo. El candidato republicano también aclaró que eliminará y reemplazará el "desastroso" Obamacare.

Jueves, 20 Octubre 2016 17:15

LOS RIESGOS POLÍTICOS QUE LLEGAN EN 2017

El Fondo Monetario Internacional ya avisaba hace poco más de una semana que uno de las mayores amenazas para la economía mundial son los riesgos políticos. Sin hacer referencia explícita al candidato republicano estadounidense, Donald Trump, la institución regentada por Christine Lagarde avisaba sobre las consecuencias que el populismo y el proteccionismo pueden infligir en el planeta. 
 
Una visión que también comparten desde BMI Research, el brazo de investigación de Fitch Group. Su director de riesgos políticos, Yoel Sano, explica que "los movimientos populares entre las economías avanzadas contra el establishment han crecido debido a la frustración económica de la clase media". "Aunque no hayan alcanzado el poder en muchos países, estos movimientos han cambiado el rumbo de los discursos mediáticos". 
 
Dadas las circunstancias, es imposible no realizar una primera para a este lado del Atlántico, donde las elecciones presidenciales del próximo 8 de noviembre decidirán si Trump o la aspirante demócrata, Hillary Clinton, ocupa la Casa Blanca. "Independientemente de quién gane, EEUU contará con un líder mucho más asertivo que Obama", asegura Sano, quien destaca las áreas comunes entre ambos candidatos: más medidas proteccionistas, una expansión de la política fiscal especialmente en infraestructura e incentivos para la clase media y obrera. Todo ello dependerá también de qué partido regente el Capitolio.
 
Obviamente, cuando el próximo presidente ocupe su cargo a finales del año próximo, el tratado de libre comercio con Asia Pacífico seguirá pendiendo de un hilo y las negociaciones entre Washington y Bruselas para alcanzar un pacto similar seguirán distanciándose. Para entonces, la incertidumbre política que ha acechado durante los últimos meses a EEUU se extenderá a otras partes del mundo, dificultando aún más el clima apropiado para incentivar el crecimiento. 
 
"La política se ha convertido en la carta más arriesgada en el horizonte y el resultado de la votación del Brexit demuestra que tanto los sondeos como los mercados de apuestas pueden equivocarse profundamente cuando el panorama político exprimen un cambio", justifica Joachim Fels, consejero económico global de la gestora de bonos privada Pimco. En este sentido recalca que al igual que el referéndum británico ha tenido un impacto en la política monetaria, en las divisas y en los activos de riesgo "lo mismo ocurrirá con las elección en EEUU este año y en Francia y Alemania el próximo año", añade. 
 
Fels tampoco pasa por alto el referéndum constitucional en Italia, las elecciones en Austria, Países Bajos y hace especial énfasis en el 19 Congreso Nacional del Partido Comunista en China. "La incertidumbre sobre el futuro curso político, económico y militar del país también es probable que sea elevada", advierte al mismo tiempo que asegura que con esta lista de escollos políticos en el horizonte habrá que enfrentar momentos de volatilidad en el mercado y en algunas ocasiones asumir cambios permanentes en el régimen político y económico de algunos países. 
 
Tampoco hay que olvidar que el gobierno británico liderado por Theresa May tiene previsto activar el Artículo 50 del Tratado de Lisboa en el primer trimestre de 2017, un hecho que pesará en el crecimiento de Reino Unido durante buena parte de 2017, teniendo un impacto negativo en industrias como la agrícola, la minoristas o las construcción, según señalan los expertos. 
 
Estas turbulencias llegan en un momento en que Francia y Alemania, las dos potencias europeas, se someterán al escrutinio de las urnas. BMI Research observa en estos momentos una posible victoria de Los Republicanos que estarían liderados por el ex ministro Alain Juppé. Recordemos que el partido se encuentra en plenas primarias para elegir quién será su representante. Si estas previsiones se materializan podría haber un endurecimiento sobre la posición del país en materia de inmigración. 
 
Por su parte, en Alemania, su canciller Angela Merkel, considerada como un pilar de estabilidad tanto para el país como para la Unión Europea, se encuentra bajo presión por mantener la hegemonía de la Unión Demócrata Cristiana en coalición con el Partido Socialdemócrata alemán. Pese al ascenso del partido Alternativa para Alemania, que podría convertirse en la tercera fuerza política dentro del Bundestag, todo indica que ni los demócrata cristianos ni los socialdemócratas estarían dispuestos a negociar con este partido.
 
Fuera de la eurozona, no sólo China será clave también lo será Irán. El presidente del país, Hassan Rouhani, también se enfrenta al escrutinio de unas elecciones. Aunque todo parece indicar que Rouhani tiene el apoyo de la Guardía de la Revolución y del máximo clérigo Ali Khamenei, cualquier cambio puede hacer descarrilar el acuerdo de desarme nuclear con occidente. 
 
En general, según resalta Farid Abolfathi, director de análisis de IHS Global Risk Service, "las brechas en los ingresos y las malas perspectivas de empleo para grandes segmentos de la población mundial han aumentado las tensiones sociales y elevado el riesgo de inestabilidad política".  Abolfathi resalta además como "la gran recesión y la crisis de la Eurozona han disminuido en gran medida la capacidad de los gobiernos y la sociedad civil para abordar los problemas sociales y políticos, algo que puede conducir a la escalada de las tensiones sociopolíticas y la desestabilización de los gobiernos".
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