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Riesgo, incertidumbre y volatilidad Destacado

No debemos confundir riesgo con volatilidad, ni riesgo con incertidumbre: no es lo mismo. En ocasiones los momentos de máxima incertidumbre son los de mínimo riesgo, y al contrario. ¿Cuándo había más riesgo de invertir en el mercado de acciones, en la primavera del 2008, o en la del 2009?
 
Análogamente un activo puede tener también mucha volatilidad y poco riesgo de pérdida permanente, y viceversa: todos recordamos productos llamados en su momento de rendimiento absoluto con baja volatilidad esperada a priori, que ocasionaron grandes pérdidas, o algunos productos financieros estructurados con capital garantizado que tuvieron ex post malas consecuencias para los inversores.
 
La mejor definición de riesgo es la de verte forzado a asumir pérdidas permanentes por quiebra, suspensión de pagos…, o por haber adquirido activos claramente sobrevalorados, comprados a un precio excesivo. Como recuerda Warren Buffett el riesgo proviene de no saber lo que estás haciendo.
Los economistas tienden a medir la volatilidad aplicando conceptos estadísticos a los mercados con la hipótesis de que los fenómenos observados – la rentabilidad por ejemplo – se comportan de acuerdo con una curva de distribución normal: la famosa campana de Gauss, que en cambio sí aplica a los juegos de azar y a los fenómenos aleatorios de la naturaleza.

Taleb, en su conocido libro El Cisne Negro, ha demostrado la falacia que supone esta simplificación de la realidad. Este error conceptual, en ocasiones, puede producir consecuencias nefastas en nuestras inversiones financieras.

En las campanas de Gauss, un concepto importante es el de la desviación estándar: una desviación estándar abarca el 68% de las observaciones, dos el 95% de las mismas, y tres el 99,7%. Lanchester, a propósito de la crisis de la deuda rusa de 1998 - que se llevó por delante, entre otros, al fondo Long Term Capital Management - afirma: “Este suceso, de acuerdo con la estadística, solo podría haber sucedido una vez cada tres mil millones de años”. No es de extrañar, por tanto, que modelos de inversión basados en técnicas estadísticas fracasen no una vez cada tres mil millones de años, sino una o dos veces en una década. Como decía Einstein: “Cuando las leyes de las matemáticas se refieren a la realidad, no son ciertas; cuando son ciertas, no se refieren a la realidad”.

Modificado por última vez en Domingo, 24 Mayo 2015 11:00