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Adecuada liquidez Destacado

Un principio importante en la gestión prudente de un patrimonio es mantener una liquidez adecuada y suficiente para atender las necesidades corrientes, hacer frente a los imprevistos y poder aprovecharse de las oportunidades que surgen en los momentos de pánico.

Lamentablemente, los mercados suelen volverse ilíquidos en los momentos más inoportunos. Justo cuando lo necesitamos, no se puede vender el inmueble que se había adquirido con la mentalidad de beneficio rápido; o las acciones de una buena empresa de la cartera se desploman precisamente cuando el banco nos obliga a cancelar la cuenta de crédito que hasta entonces había jurado renovar. Incluso personas de elevado patrimonio no tienen en ocasiones una liquidez adecuada en el conjunto del mismo, ¿Por qué?: porque el dinero líquido no le genera ingresos, y pretenden “poner todo el capital a producir rendimientos”.

Se ha dicho que la liquidez es como el aire que respiramos: cuando se tiene suficiente no se nota, pero si falta resulta angustioso e incluso letal.

En este punto, también Warren Buffett nos da una pauta: “Mantenga siempre una cantidad en efectivo adecuada para no tener que depender de la amabilidad de los demás”.
La conveniencia de disponer de suficiente efectivo no es incompatible con la deuda. Por el contrario: cuanto más alto sea el endeudamiento mayor nivel de liquidez se precisa para atender los gastos fijos del mismo. Suponer que liquidez y deuda no están correlacionadas es un error muy común, que puede acarrear graves consecuencias. Tal es el caso de la gente que asume una hipoteca para adquirir su vivienda mayor de la que necesita - y puede permitirse - con el fin de comprar con el exceso un nuevo automóvil o poder tomarse unas vacaciones en el Caribe.

En ocasiones, por tanto, nos olvidamos que el efectivo es una necesidad en todo proceso de inversión; en especial hay que recordarlo en momentos como los actuales en que los tipos de interés son muy bajos, los mercados y la vivienda suben, y el dinero nos quema en las manos.

El dinero en efectivo tiene muchas ventajas: proporciona una opción para poder invertir cuando las cosas caen; posibilita no tener que malvender activos en los momentos realmente malos - algunos hedge funds en la reciente crisis -; otorga flexibilidad: poder atender a gastos imprevistos. Tiene un inconveniente en muchos momentos: su reducido o nulo rendimiento.

Con el dinero en efectivo no se puede correr el más mínimo riesgo de solvencia- hay gente que por unos pocos puntos más de tasa de interés pone en riesgo la totalidad del principal -. Solo debe ser depositado, por tanto, en activos o entidades de la máxima solvencia. Un chiste que leí en un periódico referente a este tema apareció en lo peor de la crisis reciente: Una persona está pagando con su tarjeta de crédito en una tienda y la vendedora le dice: “Su tarjeta está perfecta, solo estoy comprobando que el banco no haya expirado”. Parece una exageración, pero hace pocos años los estudiantes islandeses residentes en el Reino Unido vieron como estaban bloquedas sus tarjetas de débito al intentar sacar dinero de los cajeros, lo cual pone en evidencia lo vulnerable que es en el fondo todo el sistema de pagos al que estamos acostumbrados y en el que depositamos nuestra confianza.

Con el efectivo lo importante no es el “return on the money” sino el “return of the money”.























































    






Modificado por última vez en Domingo, 24 Mayo 2015 11:00