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LECCIONES DE LA HISTORIA Destacado

La rentabilidad media que a largo plazo han generado las distintas clases de activos es un buen indicador de la que razonablemente podemos  esperar con nuestras inversiones en las mismas a partir de ahora. Los datos en periodos largos de tiempo en diversos mercados demuestran que la renta variable es el activo más rentable a largo plazo en términos reales – descontando el efecto de la inflación -. Según varios estudios, las acciones han rentado en media anual casi el doble que la renta fija desde que tenemos datos: entre cien diez y doscientos años según los países. 

Sin embargo, incluso en estos periodos largos existe variabilidad acusada de rendimientos. Y es que las acciones se mueven por ciclos que hay que conocer y ser capaz de aguantar. Se suceden - como en el Antiguo Testamento - periodos de vacas gordas y años de vacas flacas, que pueden durar entre ocho y veinte años. Según un trabajo de Alexander, la bolsa norteamericana del año 1800 al 2000 ha   tenido siete etapas de vacas flacas con rentabilidades anuales medias negativas y siete de vacas gordas en el que las rentabilidades fueron positivas.

La buena noticia: la tasa de rentabilidad anual en estos buenos periodos compensa ampliamente las pérdidas sufridas en los años de vacas flacas. Es evidente que lo más rentable sería entrar en el mercado cuando termina el periodo de vacas flacas y salirse al final del ciclo expansivo, pero hay un pequeño problema: darse cuenta de ello - siendo capaz de superar nuestra psicología y nuestras tendencias gregarias - que como decíamos en una reflexión anterior, empujan precisamente en la dirección contraria: preferimos comprar cuando la Bolsa lleva tiempo subiendo, y vender en el momento de mayor pesimismo, justo cuando hemos perdido toda esperanza.

Como esta estrategia es muy difícil, sino quimérica, lo más prudente es   tener un porcentaje de los ahorros invertido en renta variable, cobrar los dividendos repartidos, y tener un horizonte de inversión muy largo. Si nos sentimos capaces, y nos apetece, podemos construir nosotros mismos   una cartera diversificada de acciones concretas de alta calidad que movamos poco; en caso contrario, debemos comprar un fondo indexado con bajos costes de gestión, sentarnos tranquilamente y dejar que el   tiempo haga su labor.

Modificado por última vez en Domingo, 24 Mayo 2015 11:00