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CLARIDAD

Se suele decir que “la peor decisión, es no tomar ninguna” y pareciera que los mercados de valores han asumido que la Reserva Federal norteamericana tomó esa opción al no subir las tasas de interés y no dar una indicación clara de cuando piensa hacerlo. Si bien las opciones señalaban que solo el 30% de los operadores esperaban que se iniciara la “normalización” de las tasas de interés, la prevalencia de la mayoría creo una suerte de ascuas cuando la declaración formal de la FED fue interpretada como cauta antes que dócil.

El mercado asumió, rápidamente, que la decisión era producto de dinámicas internacionales de bajo crecimiento que al afectar los mercados emergentes terminarían por afectar el crecimiento norteamericano manteniendo la inflación baja y las tasas en “cero”, por el futuro cercano.

Como remedio a la falta de claridad, varios directores de la FED han dado declaraciones en el sentido que la subida de tasas es inminente, que la economía del país esta en buen pie y que la FED no es el banco central del mundo. Las declaraciones han calmado los ánimos, pero no han disipado los temores de una corrección en virtud de dinámicas de mercado que son percibidas como insostenibles. 

GRECIA

China, La Reserva Federal, la crisis humanitaria de los refugiados sirios en Europa e incluso la visita del Papa Francisco a Cuba y los Estados Unidos han venido relegando a un segundo plano la crisis griega que tuviera a los mercados de sobresalto en sobresalto hace apenas unos meses. Con la elección instantánea del domingo pasado en la que Alexis Tsipras obtuvo un segundo mandato y un segundo aire, para gobernar el país, la crisis estaría pasando a una nueva etapa en la que la ideología daría paso al pragmatismo.

El programa de rescate griego que Tsipras negociara con la “Troika” obligaba a un nuevo mandato como consecuencia de un cambio de giro en el gobierno de Syriza cuya campaña abandono la critica anti-austeridad para centrarse en la erradicación de la corrupción y los intereses particulares que han regido al país en el pasado.

Las elecciones griegas señalan acaso el camino a las nuevas izquierdas europeas y subrayan una imperante vocación por preservar la unión a la par de atender los pesares de las clases medias del continente y mantener la racionalidad económica. Sus resultados recalcan además que, en el Siglo XXI, el fin del mundo, aparentemente, no existe. José Gonzales

FRANCISCO

La visita del Papa Francisco a los Estados Unidos, esta semana, es singular e importante desde diversas perspectivas. Su presencia en el Encuentro Mundial de las Familias en Filadelfia se da en el contexto del Sínodo de la Familia y la actitud tolerante del Papa de cara a homosexuales y parejas no casadas y divorciadas que ha despertado resistencia de los sectores conservadores de la Iglesia concentrados en los Estados Unidos.

La visita a Washington ha incluido una sesión conjunta del Congreso donde Francisco habrá usado el “púlpito” para llamar la atención sobre la migración y los problemas del capitalismo y la visita a New York ha incorporado un mensaje en la Asamblea General de las Naciones Unidas donde el Papa no habría evitado hablar del tema ecológico en línea con “Laudato Si” su primera encíclica sobre el medio ambiente y su critica la consumismo.

Ya en Cuba el Papa había adelantado los tópicos claves de su peregrinación mencionando la existencia de una “Tercera Guerra Mundial por etapas que estamos viviendo” y subrayando la vocación cristiana del “servicio” que es a los demás y no a servirse de ellos ni a la ideología; es decir regaño a “socialistas” y “capitalistas” por igual.