WALL STREET: BUEN GUARDIÁN DEL INVERSOR Destacado

Normalmente las películas de éxito sobre Wall Street, son las basadas en gigantescos escándalos, y bueno ciertamente hay cada poco tiempo abundante material para construir esos guiones, no nos vamos a engañar. Historias de avaricia y corrupción sobran por aquí. Pero a menudo también, -aunque sobre ese particular existe menos literatura y ninguna película-, Wall Street y las bolsas de comercio son el “bueno” de la historia. Porque con su actuación nos protegen a los inversores, de adicionales escándalos y descalabros gracias a sus exigencias de transparencia.

Eso es justo lo que esta pasando en estos últimos tiempos con los que entrecomillados podríamos llamar “weworks”, “lyfts”, “ubers” y “pelotones”. Por citar solo unas cuantas categorías de “disruptores estelares” que salidos del opaco mundo de las “inversiones privadas”, han entrado, o están queriendo entrar en el mundo de Wall Street, que insisto, pese a esa literatura y a la idea mal informada de algunos, es por excelencia, -o al menos esa es su función-, el guardián de la trasparencia y seguridad del accionista.

Pues bien, estamos de suerte, porque Wall Street esta funcionando. Y las recientes salidas a bolsa de algunas de esas supuestas estrellas de la inversión no cotizadas, están siendo muy sanas, porque están poniendo sus valoraciones en su sitio. Y paralizando la salida a bolsa de otras, como es el sonado caso de WeWork, que ha encendido la última alarma que hacia falta para que los inversores más despistados, piensen dos veces en que están invirtiendo, por mucho adorno que traigan las empresas correspondientes, y por mucho que acrediten que salen de Silicon Valley, o de la más “techy” esquina de Manhattan. Que por si no lo sabían, en todo el mundo hay gatos queriendo pasar por liebres

Lo de WeWork ha sido sencillamente una broma, -pesada pero una broma-, que tragaron por cierto los grandes bancos de inversión del sector, aunque luego se hayan ido descolgando del invento. Comenzaron estimando una valoración cercana a los 100.000 millones de dólares, que luego se fue aquilatando a más o menos la mitad, y ahora, pues no sabemos si son 7.000 millones, o si quizás mejor echar cuentas para volver a empezar. Como sabrán ustedes de sobre, tras mil idas y venidas, WeWork ha decidido que mejor deja para “más adelante” lo del IPO.

Pero vamos antes de acabar al punto esencial: WeWork es una empresa de alquiler de oficinas. De oficinas, por cierto, con muebles a menudo incomodos, y con un ruido infernal en muchas de ellas, -entre otras  características evidentes en una primera visita-. Y al fin del día, -y como mucho-, una operación inmobiliaria más o menos ingeniosa, que supuestamente ajusta entradas y salidas de ingresos. Sin embargo su envoltorio de empresa “tecnológica”, a la hora de hacerse publica, es decir de salir a bolsa, fue un alucinante ejercicio en el que se presenta casi como si fuera un sacramento que “imprime carácter”, -ahí si que hay peliculón-, Recomiendo a ustedes que se tomen la molestia de leer su “prospectus”, es absolutamente cómico.

Pues bien para hacer la historia corta, como digo WeWork no ha podido salir a bolsa por ahora, y estamos en ver que historia cuentan cuando vuelvan a intentarlo. En Wall Street, se dice siempre que lo importante para hacer un buen IPO, es construir un buen relato, una buena historia de lo que se tiene entre manos. Y así es, eso es fundamental. Pero claro, el relato debe partir de la realidad. Vamos que se trata de contar hechos reales, no ficción.

Otras historias ya salidas a bolsa, pero “en ajuste” de sus valoraciones, son las de por ejemplo Uber, Lyft y la más reciente de Peloton, aunque hay muchas más. En el caso de las dos primeras, estamos hablando de empresas internacionales de taxis con una aplicación, y en el de la última, de bicicletas estáticas de gimnasio con música incluida. Puede vestirse de seda, pero la mona, mona se queda.

Nadie dice , -o mejor yo no digo-, que esos negocios no puedan conseguir ser exitosos, -e incluyo ahí también a Wework-, pero deben arrancar de contarnos lo que son de verdad. Una empresa de taxis, de bicicletas para gimnasio, o de oficinas de alquiler. Es cierto que los emprendedores necesitan fantasía y optimismo para poner en escena sus proyectos, y que siempre es refrescante “salirse un poco de la caja”. Ya ser “disruptor”. Pero de ahí a la ciencia ficción, pues cómo que no. Feliz Semana.