ESTA SEMANA EN WALL STREET Destacado

Gran parte de esta semana estará dominada por los preámbulos a la cumbre del Grupo de los Siete en Biarritz,  Francia, donde los jefes de las principales economías mundiales se reunirán el próximo fin de semana.

La Fed también recibirá una buena porción de atención en los próximos días. Las actas de su reunión de julio, cuando recortó las tasas por primera vez desde 2008, se presentan el miércoles. Un día después, el banco central organiza su simposio económico anual en Jackson Hole, Wyoming, donde el presidente Jay Powell tiene previsto hablar. Las actas de la última reunión del Banco Central Europeo también se darán a conocer el jueves.

Es probable que las tensiones sigan siendo altas en Hong Kong a medida que continúan las protestas a favor de la democracia en desafío a Pekín. Italia tiene una moción de censura por delante y Europa del Este celebrará varios eventos para conmemorar el desmoronamiento de la Cortina de Hierro soviética hace 30 años.

El segundo de los cinco juicios para el ex primer ministro de Malasia, Najib Razak, por cargos relacionados con un escándalo multimillonario en el fondo estatal 1MDB comenzará el lunes.

Es una semana tranquila para los datos económicos mientras la temporada de presentación resultados trimestrales está llegando a su fin. No obstante, la cuentas de muchas minoristas de EEUU ofrecerán una radiografía mucho más clara sobre el gasto del consumidor. Home Depot, Lowe’s, Target, Kohl’s, TJX y otras darán a conocer sus cifras esta semana.

Los síntomas de fatiga comienzan a dejarse notar entre las compañías estadounidenses, que siguen pendientes de la batalla comercial entre Washington y Pekín, el debilitamiento de la economía global así como de los distintos riesgos geopolíticos en curso. Una situación que ha llevado a muchas mesas de inversión a reducir sus previsiones de beneficio para las compañías del S&P 500 en la segunda mitad de este año.

Es el caso de Goldman Sachs o Citigroup, que han reducido sus estimaciones citando precisamente la escalada arancelaria entre las dos mayores economías del mundo y el riesgo a su vez de una guerra cambiaria. Desde Goldman, por ejemplo, no esperan que un acuerdo comercial ocurra antes de la elecciones presidenciales de 2020 y rebajaron su proyecciones de crecimiento para la economía de EEUU en el cuarto trimestre en 20 puntos básicos, hasta el 1,8%.

Las previsiones que coteja S&P Capital IQ, en el tercer trimestre del año, que comprende los meses de julio a septiembre, se espera que el beneficio por acción del S&P 500 caiga un 2,7%, lastrado por sectores como el de energía, materiales y el inmobiliario, cuyo BPA caerá un 24,2%, un 17,6% y un 21,9% respectivamente. No obstante se espera un repunte en el cuarto trimestre que salvaría una conocida como recesión en los beneficios empresariales.

Este hecho, que encadenaría dos trimestres consecutivos de caídas en el BPA de las empresas parece haberse evitado hasta la fecha, ya que el consenso estima que en el segundo trimestre el BPA del S&P 500 habría crecido un 1,4%, cuando a finales de junio se esperaba una caída del 1,5%.

Dicho esto, en el mejor de los casos, los beneficios de las compañías en el S&P 500 crecerán un 1,7% este año, según S&P Capital IQ, muy por debajo de las estimaciones del 6% que los analistas proyectaban en enero.

En estos momentos, muchas empresas continúan tomando medidas para reducir el impacto de la guerra comercial.  Algunas empresas han decidido trasladar su producción fuera de China mientras otras no descartan aumentos en sus precios para compensar el incremento de los costes arancelarios. Además, algunas entidades han decidido retrasar sus decisiones de inversión a la espera de conocer cuáles serán los próximos pasos dentro de la batalla arancelaria entre las dos economías más grandes del mundo.

Al mismo tiempo, muchos componentes del S&P 500 también han expresado su preocupación por el crecimiento económico global, aunque no atisban una recesión EEUU. La salud del consumidor patrio ha calmado, de momento, las preocupaciones aunque muchas compañías aumentan sus inventarios para poder así esquivar los aranceles.

Pero más allá del tema comercial, otros factores ponen presión sobre los márgenes, como un mercado laboral donde los salarios aumentan de forma consistente, el aumento en los precios de los productos básicos y un dólar estadounidense más fuerte.

A simple vista, la sintomatología de la mayor economía del mundo ante el revés arancelario de su presidente, Donald Trump, no muestra grandes señales de flaqueza. El PIB despidió el segundo trimestre creciendo un 2,1% tras el avance del 3,1% en los primeros compases del año y el mercado laboral ha generado una media de 141.000 empleos mensuales entre mayo y julio. Por su parte, la tasa de paro se mantiene inamovible en el 3,7%.

Sin embargo, todo es cuestión de percepción y confianza. Una delgada línea que puede esfumarse en cualquier momento. Según FactSet, al menos 124 compañías que forman parte del club del S&P 500 han hecho mención a los aranceles a la hora de presentar sus cuentas del segundo trimestre.

El gasto del consumidor es uno de los pilares sobre los que se asienta el crecimiento económico de EEUU, que logra ya su periodo de expansión más largo de su historia. En el segundo trimestre, cuando los aranceles sobre productos chinos por valor de 200.000 millones de dólares aumentaron del 10% al 25%, el consumo saco su músculo, al repuntar un 4,3%. En julio, las ventas minoristas repuntaron un 0,7%.

Los retrasos anunciados esta semana significan que el daño económico de los aranceles sobre los estadounidenses llegarán más tarde de lo previsto. Esta situación junto con una coyuntura relativamente sólida y una inflación subyacente que subió con fuerza en julio indican que el impacto real para la economía de EEUU no llegará hasta el primer semestre de 2020.

Parte del impacto dependerá de la política monetaria de la Reserva Federal, que todavía podría rebajar tipos en 25 puntos básicos en al menos una ocasión antes de que termine el año. Precisamente, una más bajas impulsadas en parte por la flexibilización de la Fed han permitido a las empresas administrar sus pasivos y abaratar sus costes de financiación.

Además, a día de hoy, las partes más débiles de la economía estadounidense incluyen a los dos sectores que son más sensibles a los tipos de interés, como son la vivienda residencial y el mercado inmobiliario comercial, que han caído en conjunto un 3,7% en el último año.